lunes, 13 de julio de 2015

PERRA VIDA

El pasado martes 30 de junio, recibía como un auténtico mazazo la noticia de la muerte de Loli González Gil, rondaba los sesenta, meses arriba o abajo. Hace tiempo que no sabía de ella, ya que residía en Casares. Éramos amigos y vecinos desde la infancia, todavía recuerdo las noches de verano, cuando nuestras madres y abuelas sentadas al fresco charlaban con tranquilidad combatiendo el calor y los mosquitos, mientras los chiquillos de la calle correteábamos sin descanso.
 Loli se distinguió por su belleza, fue dama en la feria de 1971, precisamente la primera vez que se elegía corte de honor en Tesorillo, dos años más tarde fue distinguida como reina de las fiestas. No solo atesoró belleza exterior, aún lo era más interiormente. Persona noble, sencilla, cariñosa y con una eterna sonrisa a pesar de los avatares de la vida nunca o casi nunca perdía la sonrisa.

No olvidó sus antiguas amistades, cada vez que nos encontrábamos su alegría era más que notable. Era la menor de dos hermanas, perteneció a una familia de condición muy humilde, donde tuvo que soportar muchas apreturas y dificultades.
Muy joven su padre enfermó gravemente, con una enfermedad larga que le fue minando lentamente con un final terrible, Loli prácticamente sola tuvo que bregar con la situación ya que su hermana reside en Cataluña y desde la distancia hacia lo que podía. Se caso y uno de sus tres de sus hijos nació con problemas de audición, pueden imaginarse todo lo que eso lleva consigo, médicos, hospitales, intervenciones quirúrgicas etc., un auténtico calvario, la vida no le fue ni mucho menos fácil, lo problemas le perseguían, la mala suerte se cebó con ella. Cuando en su madurez había alcanzado la tranquilidad, su situación era estable, cuando por fin todo se normalizaba y ahora tocaba disfrutar de su esposo, sus hijos, familiares, amigos, viene la Parca y se la lleva.
 Debo reconocer que cuando escribo el presente, me encuentro bajo el impacto emocional de la noticia, una persona cercana y amiga se ha ido cuando aún le quedaba mucho por vivir, pero aún así esta vida me parece injusta, desconozco que o quienes la dirigen, pero se equivocan por completo. Dudo de las convicciones religiosas, aunque por otra parte pienso que los que creen en otra vida y tienen claro que aquí no acaba todo, al menos pueden agarrarse a ese consuelo.
 Dentro de muy poco, me olvidaré de todo esto, volveré a tropezar con la misma piedra, preocupándome por trivialidades, seguiré existiendo pero no viviendo.
 No recordaré que esta vida tiene mucho de perra vida.