lunes, 18 de abril de 2016

MONADAS. POR SALVADOR DELGADO MOYA

El Cartero y Pacurro, desayunando 
Lean ustedes y marivellese, como de un simple desayuno, se puede crear una historia tan excelemente  detallada. Sigo pensando que Salvador Moya, debería tomarse en serio lo de escribir.


Hace unos días tuve la oportunidad  .-sin ningún tipo de predeterminación.-  tomar un desayuno enriquecido  con una buena tertulia con dos grandes personajes.
Todo transcurría con normalidad, pero intuía que descubriría algo insólito.
Nuestra mesa rebosaba manjares aromatizados con el olor del pan tostado y la cafeína matutina. Debo decir también que llegamos a hermanarnos con lugares oriundos en la preparación de algunos productos prohibitivos como las zurrapas y las mantecas.
Después de ejercitar bravamente nuestras mandíbulas y llenar nuestros “buches”, dábamos paso a una pequeña relajación, pero fue ahí, cuando me percaté que ambos trapicheaban con “otras sustancias”…
Solo bastó una mirada. Sin importarles mi presencia,  se escucharon unas palabras recias y llenas se sentimientos:
               -¿Tú vas a querer?, dijo uno.
               -¡Por supuesto! ¡Sabes de más, que esto para mí, es sagrado!, dijo el otro.
               Tras la escueta conversación, dieron la oportuna orden al camarero, animándole a la celeridad en su trabajo, para no perder mucho tiempo.
               Fue cuando me di cuenta que en sus “trapicheos” estaban apoyados logísticamente por un sinfín de taberneros que se convertían en expertos mudos, para no dar a conocer tal situación.
               El camarero llegó con dos copas, llenas de un líquido invisible, pero que su olor era adulador cuando la proximidad era inminente. ¡No lo podía creer!.
               Con miradas cómplices y la parsimonia merecida, empinaron los codos y tragaron  aquel endemoniado líquido. Sus palabras siguientes fueron:
               .-¡De algo hay que morir!...
               De seguido, entraron en un estado de éxtasis, reflejando en sus caras, en estado puro, la felicidad, la satisfacción, la saciedad y el disfrute. Pude averiguar que se trataba del conocido, peligroso, adictivo y embaucador ANÍS DEL MONO.
               Se, a ciencia cierta, que un día a la semana, infectan su cuerpo con ese tipo de sustancias, alimentando la complicidad, la amistad  y los buenos ratos que este vida te limita a ofrecerte.
               ¿Pues sabéis lo que os digo?, que lo disfrutéis; que vuestro paladar sea endulzado con maceración; que vuestros sentidos se relajen con el bienestar; que vuestros ojos lagrimeen por el entusiasmo; que vuestra alma se renueve con buenos y nuevos recuerdos.
               Y que lo bonito de esta historia, no es tomarte una merecida “monada”, sino con quién te la tomas, porque para eso hay que tener ganas, salud, interés,  iniciativa y amigos, y de eso, ustedes van sobrados.
               Ah! Se me olvidaba! Los nombres de estos devotos de los primates son el Sr. Francisco Quirós Ocaña (Pacurro) y el Sr. Francisco Esteban Saborido (el Cartero), por si los quieren denunciar ante las autoridades competentes.

                                                                                                                      Fdo. Salvador Delgado Moya


               
Aclaración del Blog: Solo fue una copa