jueves, 15 de noviembre de 2018

LECHE A DOMICILIO. DE LA FACTORIA AL CLIENTE

Venta directa de leche. De la cabra al recipiente. Calle Túnel, al fondo el antiguo molino arrocero.

Que los tiempos han cambiado, es cosa evidente, que nuestra calidad de vida, ha mejorado, no cabe discusión alguna. Que nuestros padres y abuelos, han pasado muchas penurias, también, los que tenemos una edad, de soslayo percibimos algunas de las carencias de antaño.

No es nuestra intención lamentarnos. Con la foto de cabecera, pretendemos recordar, pasajes de antes, que  los más jóvenes ni imaginaran. Para ellos, si tienen ganas de un vaso de leche, simplemente, se acercaran al frigorífico, cogerán el correspondiente teta-brik y a degustar, ese beneficioso liquido.

En los sesentas y antes por supuesto, la cosa era bien distinta. La leche iba desde la cabra al recipiente, un hervido de rigor y a beberla. Nada de tratamientos, pasteurización,  esterilización y otros procesos, necesarios para asegurar, que esté  a punto para el consumo humano.

El cabrero, a primeras horas de la mañana, con su piara, recorría las calles. A él, se acercaban, las amas de casas, bien portando lecheras, una olla pequeña, un jarro de lata, cualquier otro recipiente. Como vemos en la foto, ordeñaba al animal, directamente al recipiente. Una vez realizado el reparto, al campo a pastar y mañana será otro día 

Es lo que había, la leche de cabra era la más consumida, la de vaca fue introduciéndose poco a poco. Muy de vez en cuando, algún animal enfermo, transmitía la fiebre malta, conocida como calenturas maltas.

Eran estampas de la España rural y del sub-desarollo.

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