Nuestros amigos continúan rescatando recuerdos del pasado, pequeños fragmentos de historia que nos transportan a otros tiempos. En esta ocasión, nos hacen llegar un documento singular: el justificante de abono de una sanción de tráfico en el municipio de La Línea de la Concepción, fechado el 5 de mayo de 1972.
Ochenta pesetas. Menos de cincuenta céntimos de euro en la moneda de hoy. Esa era la cuantía de la multa, impresa en el característico "Papel de Multas Municipales", testimonio de una época en la que todo tenía un aire más pausado, más tangible. El infractor acudía en persona a saldar su deuda con el consistorio, con su recibo en mano y, muy probablemente, un gesto de resignación o mala leche en el rostro.
Cuánto han cambiado las cosas. Ahora, la sanción nos llega en un impersonal aviso digital, con su código de barras y la opción de pago a través de un cajero automático o una aplicación móvil.
Los tiempos avanzan, pero hay algo en estos viejos documentos que nos sigue cautivando: la nostalgia de lo que fue, la memoria de una sociedad que, sin tantas prisas, que se detenía en los detalles.
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