Una iglesia no son solo sus paredes, su campanario o sus imágenes. Una iglesia es mucho más que eso , es sobre todo, la gente que la llena. Y al frente de esa gente, durante estos sesenta años, ha habido siempre un hombre al principio con sotana, posteriormente sin ella, que ha tenido la tarea de guiar a la parroquia de San Martín del Tesorillo. Hoy queremos dedicarles este relato a ellos, a nuestros curas.
Hay que empezar por el principio, y el principio tiene nombre propio: Manuel Menchén Camacho. Fue él quien impulsó la construcción del templo que hoy conocemos. Sin su empeño, seguramente las cosas habrían sido de otra manera, o habrían tardado mucho más en llegar. A él le debe Tesorillo buena parte de lo que celebramos este año.
Después de él vinieron otros, unos durante muchos años y otros de paso. Cada uno dejó su huella a su manera. Y como todo lo que ocurre en esta tierra, los ha habido con sus luces y con sus sombras. Al fin y al cabo eran hombres, con sus virtudes y sus defectos, como cualquiera de nosotros. Los más mayores del pueblo guardan sus recuerdos de cada uno, y seguro que no todos coinciden. Eso también forma parte de la historia.
Lo que sí es cierto es que la figura del cura ha cambiado mucho en estas seis décadas. Quienes ya peinamos canas recordamos aquellos tiempos en los que el cura era una de las autoridades del pueblo, junto al alcalde, el comandante de puesto, el maestro o el médico. Su palabra pesaba mucho, y a veces decidía en asuntos que iban más allá de lo puramente religioso. Era otra época y otra manera de entender las cosas.
Hoy el sacerdote es otra cosa. Busca más la cercanía que la autoridad y prefiere sumar gente a mandar sobre ella. Su papel es mucho más espiritual, más de acompañar que de imponer. Es alguien que intenta hacer comunidad, que la parroquia sea de todos y no solo del cura. Ese cambio, lento pero claro, también se ha vivido en nuestra parroquia.
Esta es la relación de sacerdotes que han estado al frente de la parroquia de San Martín de Tours en estos sesenta años:
- Manuel Menchén Camacho
- José Caramazana
- Los hermanos Jesús y Joaquín Iriarte
- Pedro Velo González
- Lázaro Albar Marín
- Servando José Rojas Caldera
- José Luis Caburrasi Fernández
- David López Moreno (Oblatos)
- Rafael Marín Villanueva (Oblatos)
- Mariusz Berko
- Antonio Ramiro González (Misioneros de la Palabra de Dios)
- Daniel Escobar (Misioneros de la Palabra de Dios)
- Martín Estrada (Misioneros de la Palabra de Dios)
Tenemos que advertir que esta lista no está completa. Faltan algunos sacerdotes cuyos nombres no hemos podido averiguar, a pesar de haber preguntado y buscado. Si algún lector los recuerda o tiene algún dato, le agradeceríamos mucho que nos lo hiciera llegar, para que nadie quede en el olvido.
En un pueblo pequeño como el nuestro, el cura sigue siendo mucho más que el que dice misa los domingos. Es el que bautiza a nuestros hijos y da la primera comunión a nuestros nietos. Es el que casa a nuestros jóvenes y el que despide a nuestros mayores. Está en los momentos más alegres y también en los más tristes de cada familia. Es también un vecino más, que escucha, aconseja y echa una mano a quien lo necesita.
Por eso, en este sesenta aniversario, vaya nuestro agradecimiento a todos ellos, a los que recordamos con nombre y apellidos y a los que el tiempo se llevó sin dejarnos su nombre. Cada uno, a su manera y en su tiempo, puso su granito de arena para que la iglesia de San Martín de Tours siga hoy viva, con sus puertas abiertas y su campana llamando a los tesorilleros

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