jueves, 20 de agosto de 2015

FAMOSEO



Partiendo de la premisa que no es bueno generalizar, que a veces por unos pocos pagan  muchos, que lo menos bueno resalta más que lo bueno , etc., etc.
Dicho esto, vengo a considera  la actitud de la gran mayoría de famosos, actores, actrices, deportistas, cantantes, presentadores y  otros que lo son sin mérito alguno. Me da  la impresión, que  el hecho de ser popular, conocido, salir en el papel cuché, les hace ser diferentes al resto de los mortales, trataré de fundamentar mi teoría.
               Hace catorce años se emitió la primera edición de Operación Triunfo, programa de éxito que rompió todas las expectativas. Sus participantes  eran aparentemente personas normales como usted y como yo, que casualidad  los más populares, los que se convirtieron en auténticos famosos, casi de inmediato rompieron con sus parejas. Alguno lleva varios romances, por supuesto con gente de su perfil, otro se ha  casado  con una actriz de fama, muy enamorado él. Me pregunto ¿estaría igual de enamorado si en vez de actriz, fuera cajera del Mercadona?
               Los hay que son defensores de causas nobles,  se expresan con frases grandilocuentes, son los más progresistas,  pero una alfombra roja y un photocall  les gusta más que a Piqué fastidiar al Madrid, no se pierden un sarao, las copas no las toman en la terraza o en el bar de la esquina, acuden a los locales más caros, sus residencias mansiones de alto standing a ser posible en el extranjero, el bolsillo se lo rascan poco para con los más desfavorecidos que dicen defender tanto.
               La pareja deportista de élite top- model, es  de lo más usual, reconozco que futbolistas, baloncestistas, tenistas y otros, por regla general suelen tener buena planta, pero hay algunos que no tienes más remedio que pensar, que su compañera de lo que realmente se ha enamorado es de la Visa por supuesto de Platino.
               Presentadoras muy solidarias que quien ose llevarle la contaría en sus convicciones se lanzan a la yugular metafóricamente hablando. Son intimas de aristócratas y  esposas de empresarios  con un capital sencillamente mareante, más grande que los presupuestos generales de cualquier país de África. Salen en portada de las revistas del corazón, celebrando suntuosas fiestas de cumpleaños y si se casa una hija, contratación de vigilantes de seguridad para que no sea captada por los fotógrafos para así vender la exclusiva, no se tienen noticias que al menos una parte de los pingües beneficios de la exclusiva fuesen para alguna ONG.
               Es de justicia reconocer que las gentes de a pié tenemos una actitud tramoyista  con los  especímenes reseñados. Un ejemplo, si cerca tenemos a personas consumidoras de estupefacientes, desaliñados dando mala imagen, lo que deseamos es que lo retiren de nuestra presencia, nos basta con no verlos. Pero si algún famoso es consumidor demostrado, le perdonamos su adicción, hasta la justificamos con la ironía que  su arte le sale cuando está colocado, damos nuestro beneplácito para que se rotule una calle con su nombre o se coloque un busto en la plaza del pueblo.
               Concluyendo, disfrutaré con sus películas, me emocionaré con sus logros deportivos, me deleitaré con sus canciones, admiraré sus cuerpos esculturales (femeninos por supuesto), veré oiré los programas de radio y televisión que conduzcan. Pero entre esos tipos y yo no hay nada en común, con eso no quiero decir que sea mejor que ellos, simplemente que pertenecemos a mundo distintos.


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