jueves, 10 de septiembre de 2015

P P




La cabecera del presente,  puede llamar a engaño, esa doble “P”, puede identificarse fácilmente con el Partido Popular. Les confieso que opinar sobre partidos políticos es un tema que no me seduce, no es plato de gusto para mi persona.
De  forma no muy académica y burlona,  he jugado con dichas iniciales, en realidad  con esa abreviatura he querido  indicar  Pitos a Piqué.
La opinión  que tengo de Gerard Piqué. Un excelente futbolista, bocazas, burlón e irrespetuoso con el rival, eso último no es de recibo. Aunque sus meteduras de patas aparte de molestar, son casi inocuas, las palabras se las lleva el viento.
Sobre los pitos que ha recibido, solo voy a valorar aquellos que se han producido con la camiseta de la Selección Española. El susodicho se ha  hecho acreedor a los silbidos, por cierto no todos los espectadores de León u Oviedo le silbaron, es verdad que  un  buen número pero no todos. Sin ser partidario de pitar a nadie,  estimo que esas muestras hostiles y  ventosas debería recibirlas cuando vista la camiseta del Barcelona. A mí como aficionado me la trae al pairo  si se siente catalán o español, lo que realmente me importa es cuando juegue con la selección lo haga bien, en ese aspecto un figura. No seré  quien le defienda, es mayorcito y debe apechugar con sus actos.
Dicho lo cual, mantengo que  si le pitan  no es porque haya defendido públicamente lo que muchos catalanes vienen a llamar el derecho a decidir. “No hija no”, le increpan porque se ha metido con el Real  Madrid, eso en este país llamado España es muy grave.
Los disconformes con Gerard, esos que su corazón deportivo es blanco en tres cuartas partes y una rojo y gualda,  habrán olvidado y por supuesto perdonado, cuando Luis Figo desde el balcón de “La Generalitat de Catalunya” grito aquello de “Blancos llorones saluda a los campeones”, creo no equivocarme que con la expresión  llorones no identificaba a los que derraman lágrimas, sino otro término que también termina en “ones” y empieza por “C”.
En todas las celebraciones de todos los equipos, suelen acordarse del rival,  recordar aquella celebración, donde el icono blanco Raúl González Blanco haciendo una parodia del himno del Barça, entonaba el estribillo de esta manera, ¡Barça, Barça, Mierda, Mierda!, no hay que remontarse mucho en la última celebración del Madrid, el ínclito Sergio Ramos micrófono en mano gritaba, “Que sepan los indios quien manda en la capital” en clara alusión a los aficionados de Atlético. Las televisiones de ámbito nacional no le dieron la mayor importancia, porque no la tiene, ahora amigo mío el tema que nos ocupa hasta en la sopa y con muy mala leche, vergüenza de información deportiva.
Entiendo y aplaudo como el seleccionador y sus compañeros hayan salido en su defensa, pero el colmo es que  ha llegado a convertirse en un tema de estado, el Ministro de Educación, Cultura  y Deporte, ha salido a la palestra para recriminar los pitidos, como si no existieran  asuntos  más importantes de que ocuparse.
Un estadio  no es el Teatro Real de Madrid o El Liceo de Barcelona, el fútbol es bullicio, pasión, un comedido desenfreno de pasiones, si quieren silbar que silben y a otra cosa mariposa.
Aunque desapruebe esas muestras de animosidad, no se debe dar  más importancia que la que tiene. Ya quisiera  yo, ganar la mitad de lo que gana Piqué, aunque recibiera el doble de pitidos.