jueves, 22 de octubre de 2015

HALLOWEEN



En la noche del próximo 31 de octubre se celebrará la fiesta de Halloween. 





              Fiesta de origen celta de mucho arraigo en los países anglosajones,  celebración igual que muchas tantas la iglesia bien se la quedó para sí o simplemente se adaptó a ella.
          Esa noche los menores  tocaran a las puertas y con la consabida frase “Truco o Trato”,  demandarán alguna que otra golosina.
              Dicho lo cual, dejando patente sin ningún tipo de dudas, que cada cual es libre de hacer o celebrar lo que quiera, siempre y cuando no afecte a la libertad de los demás. No me gusta para nada esta fiesta, porque no es nuestra, me atrevería a decir que no la están metiendo con calzador, no hay tradición, es más no casa con nuestra idiosincrasia.
               Pero somos así, muchas veces  no cuidamos lo propio  y no gusta imitar o copiar lo foráneo. Algo parecido con  mucha mayor proyección está ocurriendo con la celebración de Papa Noel. Si tenemos a nuestros queridos Reyes Magos, simpáticos y adorables donde los haya, a que viene rendir pleitesía a un señor gordo, vestido de rojo  con barba blanca, fruto de la invención de los publicistas de Coca-Cola.
               Y no me vengan con la excusa que  a los niños a los que  se les entregan los juguetes la noche de Navidad, tienen más tiempo para disfrutar, si lo recibieran  la noche de Reyes. Como si no hubiese fines de semanas, festivos, puentes, vacaciones,  a lo largo del año, los padres de los escolares pueden dar fe de ello.
             Me gustaría que meditaran lo siguiente. ¿Aceptarían en la Gran Bretaña o  los Estados Unidos de América, celebrar la festividad de los Reyes Magos?
                  Porque no promocionamos más los tostones de “Tosantos”  y  las visitas a los cementerios el día 1 de noviembre, tradiciones que se van perdiendo lenta pero inexorablemente.
              Cuidemos nuestras creencias, costumbres, tradiciones, que son nuestras,  no importemos cosas de tierras extrañas, que se nos parecen lo que una castaña a una pelota de tenis.
           Hace ya unos años, alguien que va por la vida de intelectual, me calificó como carpetovetónico. Les  prometo que era la primera vez que tenía conocimiento del término, así que acudí al diccionario de la R.A.E.
                El  cual lo define como. (Considerado como característico de la España profunda frente a todo influjo foráneo).

                       Mi respuesta: “A mucha honra”