jueves, 17 de marzo de 2016

CUANDO ERRAR, SUPONE ACERTAR

Ecce Homo de Borja. Antes y después  de su restauración 
Me contaron hace tiempo la siguiente historia: Un hombre, pobre, sin empleo, le pidió a un primo suyo concejal, que le echara una mano, pues su situación era desesperada.
El primo concejal, le ofreció el puesto de barrendero, para ello debería pasar una pequeña prueba escrita. Como el buen hombre era analfabeto total, para no saber, ni firmar, no pudo superar la prueba, por tanto no pudo acceder al trabajo.
Desesperado, partió al extranjero, a la aventura. Pasado un largo tiempo, regresó al pueblo, ya como una persona  con muchos posibles, se ve que le fue bien en  tierras lejanas.
 Conversando con un amigo de la infancia, se jactaba de todo lo que había atesorado. El amigo, convino decirle, que se extrañaba  de  tantas riquezas, si cuando marchó no sabía firmar. A lo que nuestro personaje sentenció “Si hubiese sabido firmar, hoy estaría de barrendero”.
Vengo a contarle esta fábula, porque ha salido recientemente en los medios. Que se ha inaugurado un centro de interpretación, del “Ecce Homo “de Borja.
Pocos errores como el que aconteció a la talla del Ecce Homo, cuando la señora Cecilia Giménez, más que restaurarlo, lo destrozó, por supuesto que no dudo de la buena intención de la señora. Como decía, pocos deslices, serán tan bien recibidos.
De haber sido exitosa la restauración, hoy visitarían Borja, ese pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza, unos cuantos turistas.
Sin embargo ese bendito error, ha conseguido que sean miles los visitantes,  no solo nacionales sino fuera de nuestras fronteras. Hasta el punto de inaugurar  un Centro de interpretación, ¡Ahí es nada!
Según informaciones, la talla no tenía un elevado valor artístico, en su estado original, circunstancia que viene a corroborar mis palabras anteriores. Lo que realmente le ha dado transcendencia, es la equivocación, falta de conocimiento, profesionalidad o lo que fuere de Cecilia Giménez.
Metedura de pata que le ha hecho, sin pretenderlo ser famosa. Ella, el pueblo  y por supuesto la talla.
A veces la vida es caprichosa, lo  que en principio está mal, termina siendo lo mejor y lo contrario.
Ya lo decía mi abuela .¡ No se sabe como acertar!