viernes, 4 de marzo de 2016

MENSAJE DE UNA FOTOGRAFÍA

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A veces guardadas, olvidadas en el tiempo, aparecen fotografías, que nos hacen rememorar tiempos pretéritos. Invadiéndonos la nostalgia.
 La foto que ilustra este escrito. Se trata de antepasados de mi esposa. Analizando los retratados, la instantánea data de la primera mitad de  la década de los años veinte del siglo pasado.
Por aquel entonces, gobernaba el país el general Miguel Primo de Rivera, el cual había dado un golpe de estado incruento en el 1923, instalando como régimen político la dictadura, con la aquiescencia del rey Alfonso XIII
Doy por hecho, que los que figuran en la imagen, se prepararon con antelación. Me consta que eran personas de condición humilde, que se vistieron para la ocasión. Utilizando la vestimenta de los domingos o de las grandes ocasiones.
El fotógrafo venido de fuera, cargando a lomos de una caballería  la  máquina la cual se asentaba  sobre un trípode.
El primer caballero de la izquierda, luce su reloj de bolsillo, que por regla general se guardaban en un bolsillo del chaleco, confeccionado exclusivamente para ello. Me da la impresión que lo muestra  intencionadamente, queriendo presumir de un objeto valioso.
Se observa igualmente lo voluminoso de los sombreros, tocados que no portan los jóvenes de la derecha. Uno como seña de madurez, tiene un cigarrillo en la boca, por aquel entonces no estaba mal visto fumar, el otro, hace una mueca graciosa con la cara, rompiendo así el protocolo.
Imagino que el retratista, les habría colocado, dando instrucciones como posar, solicitando que sonrían. Plantados guardando la jerarquía, el mayor sentado, con los niños sobre su regazo, por cierto que la primera niña de la izquierda, la menor, está más pendiente del bebé que de la cámara, la otra más  mayor mira atenta. La dama de la izquierda le pudo el afecto o el amor hacia el hombre que posa a su derecha, pues la mirada lo delata todo, hizo caso omiso a aquello de “Miren el pajarito”.
De fondo se observa un tapiz donde está impreso un paisaje, que no viene al caso, porque  para nada tapa el muro de piedra que figura a sus espaldas.
El revelado  tardaría su tiempo, a la espera que el fotógrafo pasase de nuevo por el lugar, podía transcurrir perfectamente meses.
Qué lejos queda esos tiempos, aunque no han transcurrido cien años y eso en la historia es un cuarto de hora. Nada se parece a la fotografía actual, esas que se hacen con los nuevos dispositivos, o los auto-fotos los llamados selfies, todo ha mejorado evidentemente.
No obstante, me pregunto,  dentro de ochenta o noventa años, ¿habrá alguien en disposición de analizar cualquier fotografía familiar?, como esta que nos ocupa. ¿O se perderán en los almacenes virtuales de las redes?