viernes, 2 de septiembre de 2016

MAESTROS



Colegio de Tesorillo. Año 1949
Dentro de muy pocos días, comenzará un nuevo curso escolar. Motivo por el cual me he decidido a escribir el presente, dedicado  a la figura del  Maestro.

Digo maestro y no profesor, pues es así como los denominábamos en mi tiempo. Además la considero una palabra bella, maestro derivado del latín magister, persona que enseña.

Al buen maestro, se le exige. Que estén dispuestos a ayudar a los alumnos, que sean cercanos, que generen confianza desde el respeto y la generosidad.


Buenos conocimientos. Expliquen de forma comprensible. Transmitan emoción y pasión en la materia que enseñan.

Paciencia, modestia, energía, coherencia, sentido del humor .Puntualidad y que no falten a clases.

No es poco,  me parece razonable, que se les exija todas estas premisas.

Ahora bien, la enseñanza la forma un triangulo equilátero. Me he referido solo a un  lado,  el del maestro, faltan dos, alumno y padres.

El alumno ante todo deber ser, respetuoso, puntual, realizar los trabajos que se le encomiende, educado y mostrar buena disponibilidad.

¿ Y los padres?. Tienen el deber de educar a sus hijos, inculcándole respeto hacia los demás. Ayudar en la media de lo posible a las tareas encomendadas a sus hijos. Alimentarlos y vestirlos correctamente (salvo desgraciadas excepciones, donde les es imposible).

El padre no debe ver en el maestro a un enemigo  de su hijo, tampoco a un amigo. Lo que realmente debe observar a un profesor, que le va a transmitir, conocimientos, valores, que en un futuro le hará mucha falta. Por favor destierren la frase "El profesor tal la tiene tomada con mi hijo".

Tampoco debieran creer, que la misión del maestro es educar. No, el maestro enseña, la educación corre a cargo en el seno de la familia. Por añadir algo, diría que el docente pule la educación recibida, si no hay, difícilmente pueda suministrarla el profesorado.

Dicho esto, volviendo al pasado y les ruego  me disculpen,  si soy un poco plomo con ello. Les diré que hoy a los maestros, se les llama Pepe, Paco o Toni, antes eran don José, don Francisco o don Antonio.

No crean que el don, era signo de preeminencia, superioridad. Eso simplemente era un signo de respeto. Dicho sea de paso, respeto que para nada nuestros padres cuestionaban.

Por supuesto que en todos los colectivos, existen ovejas negras, el del profesorado no iba a ser menos. Pero sin o con poco margen de error, mi opinión es que la mayoría de nuestros maestros, son grandes profesionales, a los que no tratamos como se merecen. 

Con la importancia que tiene su labor, la de formar a futuros adultos, que tomaran el relevo y serán los que gestionen nuestra sociedad.