lunes, 7 de mayo de 2018

Cuando menos te lo piensas, salta la sorpresa

A veces sin esperarlo, sin pensarlo, suceden cosas extraordinarias, que para nada te imaginas que te fueran  a ocurrir. Precisamente en el día de ayer tuve una de esas experiencias.


Sobre las dos de la tarde en compañía de unos buenos amigos, nos disponíamos a desplazarnos hasta el Secadero y almorzar en un local de esa localidad. Justos cuando  íbamos a tomar el turismo, pasaba por el lugar, otro gran amigo, Antonio García Lobato, conduciendo un coche de caballos, concretamente una jardinera, tirado por un tronco de dos preciosas yeguas castañas.

Antonio insistió en que nos montáramos en el carruaje,  transportándonos donde quisiéramos, no tuvo mucho que insistirnos.

El trayecto fue corto, pero el viaje precioso, placentero, con la música de fondo de los cascos de las caballerías perfectamente sintonizados. Por cierto el amigo Antonio tiene mucho arte a la hora de manejar este tipo de transporte.

Son como decía Serrat, esas pequeñas cosas. Que te sorprenden gratamente, porque lo más ajeno que tenía en esos momentos, es que fuera  a pasear en un coche de caballos. 

Francisco Quirós " Pacurro"

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