lunes, 13 de febrero de 2017

La Enamorada. Un artículo de Salvador Delgado Moya

Ambos se miraron cara a cara, dispensándose amor a borbotones… inmóviles y ejercitando las pupilas al engrandecimiento.
Necesito tocarte, para poder seguir viviendo; perderme en ti, para enloquecer entre tus venas; pintarte para corroborar tu belleza; y arrodillarme ante ti para ser sumiso ante tu lealtad y perseverancia.
Se celebra San Valentín. Muchas parejas se dedican ese día a ellos mismos, haciendo apología del amor, que en ocasiones es puntual y superficial.
El tuyo y el mío son puros, con certificado de autenticidad y con denominación de origen. Eres embaucadora y adictiva, y eso, a mí, me encanta.
Muchas veces te has caracterizado de diversas maneras, según la ocasión y el tiempo, dibujando líneas de expresión a tu antojo, enseñando la maravilla de rostro que posees, perfumando tu entorno con fragancias de recuerdos y memorias.

 
Una vez te pude perder, y eso me martiriza. Debo intentar con todas mis fuerzas permanecer siempre a tu lado, descubriendo cada día nuevos amaneceres, soportando la lluvia resbalando sobre nuestras cabezas, estremeciéndonos cogidos de la mano por el rocío mañanero, bailando al unísono por la sinfonía de las aguas que nos inundan de riqueza, dormirnos abrazados y tener los mismos sueños; despertar empachados de amor y seguir con apetito de mas sensaciones, de más unión…
Quiero que sepas que siempre te seré fiel, aunque las adversidades impuestas no me lo permitan. Quiero decirte que aunque pase el tiempo, siempre te veré rebosante de vida, de recuerdos, de almas que petrifican corazones y desmantelan indicios de monotonía.
Tu piel, algunas veces, la veo afligida. Tu porte, se tambalea. Tus entrañas se debilitan…y no puedo permitirlo!!!
San Valentín, es un pretexto perfecto para reivindicar nuestro amor, ese amor incomprendido en ocasiones. La gente no comprende porque mi amor hacia a ti, roza la locura y tiembla la cordura, tengo y debo sacarte de esa indiferencia mugrienta y convertirte en la personificación de la belleza, la consecución del estilismo y la proeza de de un descubrimiento nuevo.
Por eso, quiero seguir mirándote, besándote, amándote hasta el final de mis días, porque eres tú, y sólo tú, la que das sentido a todos mis días.
No quisiera despedirme sin dar a conocer, los actores principales de esta historia. Unos personajes que podrían ser cualquiera de nosotros, siempre que lo acompañemos con la premisa del amor. Pero, la verdad, que el vínculo entre estos dos, es tan fuerte, que si terminara en boda, sería lo más simple que les pudiera pasar.
El amante: joven, esbelto, entusiasta, valiente y decidido, su nombre” San Martín”, del Tesorillo, le apodaban. La amante: misteriosa, enigmática, deseada, codiciada, pretendida y ansiada, de nombre “La Casita”…, de Campo, se apellidaba ; irrepetible, única e inmensamente bella.

Ellos irradian el fuego apasionado, que neutralizan la razón, congestiona la lógica y se ceban con la dejadez.

Fdo. SALVADOR DELGADO MOYA