
Seguimos con los relatos que venimos publicando con motivo del sexagésimo aniversario de la iglesia parroquial de San Martín de Tours de San Martín del Tesorillo. Hoy le toca el turno a un momento muy especial para muchas familias del pueblo: las primeras comuniones.
Hay que remontarse al 9 de junio de 1966, festividad del Corpus Christi. Aquel día fue, por así decirlo, un día de tres en uno. Manuel Menchén, el sacerdote párroco que había impulsado con tanto empeño la construcción del nuevo templo, decidió hacer coincidir tres acontecimientos que, por separado, ya merecían por sí solos una fecha señalada: la inauguración de la iglesia, la procesión y celebración de la eucaristía del Corpus, y, para redondear la jornada, las primeras comuniones.
Conociendo algo cómo era Menchén, estamos seguros de que fue una decisión meditada durante meses. Lo cierto es que aquel 9 de junio quedó marcado como el día grande de nuestra parroquia. Los niños y niñas que hicieron su primera comunión aquella mañana tuvieron el privilegio, sin saberlo del todo entonces, de estrenar el templo junto al pueblo entero, con la Custodia recorriendo las calles y con la emoción añadida de ver por primera vez abiertas de par en par las puertas de la nueva iglesia.
Fue una primera comunión distinta a todas las demás, anteriores y posteriores, absorbida en cierto modo por la magnitud de lo que se estaba celebrando aquel día. Corpus, inauguración y comunión, todo mezclado en una sola jornada de fiesta grande.
Por eso creemos que las de 1967 también merecen aparecer en esta mención. Cuando llegó ese año, las cosas se hicieron de otra manera. La parroquia ya tenía su templo asentado, sin estrenos ni inauguraciones de por medio, y se pudo dedicar un día expresamente para la celebración de las primeras comuniones, sin tener que compartir protagonismo con nada ni con nadie. Fueron, en ese sentido, las primeras comuniones "normales" de nuestra iglesia, las primeras que se vivieron como lo que son: un día pensado únicamente para esos niños y esas niñas.
Sesenta años después, seguro que muchos de aquellos primeros comulgantes de 1966 y 1967 lo recuerdan. Una de esas primeras comulgantes nos contaba hace unos días que, tanto niñas como niños, por separado, por supuesto, salieron desde el colegio de la calle Grupo hasta la iglesia antigua. De allí, procesión, llegada a la nueva iglesia y ceremonia. Por la tarde, un chocolate junto a los padres. Nada de celebraciones como las de ahora, ni por asomo.
Como casi siempre nos pasa con estos relatos, son las pequeñas memorias de cada familia las que terminan dando forma a la gran historia de nuestro pueblo.
Comuniones de 1966




















