| Vista área de San Boi, lugar de residencia de Concepción González |
Pacurro.-
El viernes pasado tuve una sorpresa que guardaré con cariño mucho tiempo. Me encontraba en las dependencias del Juzgado de Paz, atendiendo un trámite cualquiera, cuando alguien preguntó por mí. "¿Te acuerdas de mí?", me dijo con una sonrisa expectante. La reconocí de inmediato: era Concepción González Gil, antigua vecina mía de la calle Túnel, para que la identifiquen mejor; hija de Antonio González, que fuera conocido como "El Cristo" y Dolores Gil , hermana de Lolí, tristemente fallecida en Casares, que en los años setenta junto a Juan su esposo, se marcharon a Cataluña. Se instaló en Sant Boi, y desde entonces habían pasado más de cinco décadas. Nos fundimos en un abrazo largo.
Durante muchos años, sobre todo cuando sus hijos eran pequeños y hasta que falleció su madre, Concepción venía todos los veranos al pueblo y siempre nos veíamos. Pero ya llevaba varios, bastante sin vernos . En ese periodo de tiempo enviudó , Juan, falleció a los 68 años. Por eso verla de nuevo el viernes tuvo un valor especial.
No fue una visita casual. Había venido expresamente a saludarme y a darme las gracias. No entendí bien por qué, hasta que mencionó El Blog de Pacurro.
Me contó que lo lee desde hace años, que cada entrada y cada noticia del pueblo es para ella una ventana abierta a un lugar que dejó físicamente pero que lo lleva en el corazón . Que el blog la mantiene unida e informada con San Martín del Tesorillo: quién se ha jubilado, qué fiestas se han celebrado, qué calle han asfaltado, quién ha fallecido. Que gracias a esas líneas, ella y otros paisanos en Cataluña sienten que el hilo con esta tierra no se ha cortado, aunque lo separen miles de kilómetros
Reconozco que me sentí halagado , pero también quedé descolocado. Escribo el blog casi por costumbre, sin pensar demasiado en quién lo lee al otro lado. Nunca imaginé que esas entradas pudieran ser para alguien un puente tan real entre la vida que construyó en Cataluña y la que dejó aquí.
Le acompañaba su hija Patricia. Hablamos un buen rato, de los recuerdos compartidos. cómo era el pueblo cuando su familia se marchó, de vecinos comunes de los que llevaba años sin saber y que gracias al blog había podido seguir de lejos. Entre anécdotas y un poco de nostalgia, fue transcurriendo el tiempo que se hizo corto. Se alegró muchísimo de la rehabilitación de la Casita de Campo y cuando me dejó ella y su hija pasaron a visitarla
Nos despedimos con la promesa de que yo seguiría escribiendo y ella seguiría leyendo, cada día desde Sant Boi.
Salí de aquel encuentro con una sensación de utilidad y emoción a partes iguales. A veces hace falta que alguien venga de tan lejos para recordarte por qué merece la pena seguir contando lo pequeño: para quien está lejos, lo pequeño es a veces todo lo que le queda del lugar donde empezó su vida.











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