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| Altar de nuestra iglesia, años 70 |
Hoy, en esta serie de relatos por los sesenta años del templo, queremos dedicar unas líneas a esas personas, sobre todo mujeres, que han trabajado en silencio, sin esperar nada a cambio y sospechamos que nadie o casi se lo agradeciera
No voy a dar nombres, ni puedo, ni debo . Han sido muchas a lo largo de estos sesenta años, y no me perdonaría olvidar a alguien que lo merece. Que cada cual se sienta nombrado por estas palabras.
Las camareras de la Virgen. Ellas conocen a la Virgen de los Dolores como nadie. Saben de sus mantos, de sus sayas, de alfileres y encajes. Antes de cada Semana Santa y de cada fiesta, han pasado horas preparándola con un cariño que solo se entiende desde la fe.
Las que limpian el templo. Escoba, fregona, trapo y mucha paciencia. Bancos, suelos, cristales y rincones que nadie mira. Sin ellas, la casa de todos no luciría como luce.
Las que adornan el altar. Flores colocadas con gusto, manteles bien planchados, velas en su sitio. Detalles pequeños que hacen que una misa normal parezca un día de fiesta.
Las catequistas. Generaciones enteras de niños y niñas de Tesorillo aprendieron a rezar y se prepararon para su Primera Comunión gracias a ellas. Tarde tras tarde, curso tras curso, sembrando sin saber muchas veces si la semilla daría fruto.
Quienes ayudan al sacerdote. Preparar el cáliz, encender las velas, tener a punto las lecturas, abrir y cerrar la iglesia. Un trabajo discreto pero imprescindible para que todo salga bien.
Quienes tocaron las campanas. Antes de que llegara el mecanismo nuevo, la Anónima y la Dolorosa se tocaban a mano. Alguien tenía que tirar de la cuerda y marcar con su toque la misa, la fiesta o el dolor por un vecino fallecido. El pueblo entero se enteraba de lo que pasaba gracias a esas manos.
Los voluntarios de Cáritas. Atienden a quien lo está pasando mal, con discreción y sin preguntar más de la cuenta. Es la caridad hecha con hechos, no con palabras.
Quienes hacen las colectas. Pasar la bandeja no siempre es agradable, pero gracias a esa labor la parroquia se ha podido ayudar en su mantenimiento.
Los encargados del registro parroquial. Encargados de inscribir, bautizos, matrimonios, defunciones, comuniones, confirmaciones y todo lo demás, para que todo quede perfectamente archivado
Seguro que se nos ha olvidado algún que otro grupo que ha prestado, que presta , su colaboración, pedimos disculpas. A todas y a todos ellos, a los que siguen y a los que ya no están, gracias. Esta iglesia cumple sesenta años en pie no solo por sus paredes, sino por las personas que la han cuidado como si fuera su propia casa. Porque, en el fondo, lo es, la casa de todos