Martín Cano Montero, se ha ido para siempre, se marchó con una sonrisa. Él estaba preparado para el último viaje hace mucho tiempo, lo esperaba y creo que hasta provocaba el adiós.
Nadie podrá tacharlo que no ha sido trabajador, emprendedor y que se crecía ante los problemas.Otra cosa era mirar por sí mismo , su preocupación por la salud.
Tuvo su propia filosofía, antepuso el vivir el día a día, que vivir muchos días , a pesar de todo la vida ha sido generosa y le ha regalado mucho más tiempo del que él mismo pensaba
Ya podía estar al borde del precipicio , con la soga al cuello o delante del pelotón de fusilamiento, que al final una risa, un chascarrillo o un disparate gracioso terminaba por ocurrírsele. No se le podía tomar en serio, de no haber sido así, no hubiese resistido, la vida le puso a pruebas muchas veces y de todas supo salir, con mayor o menor fortuna pero salir al fin y a la postre.
Esperemos que allá donde vayas, sirvan whisky y vino de Jerez o manzanilla de Sanlucar , si no lo hubiere, te pondrás tan pesado que terminaran consiguiéndolas para ti, para no oírte.
Se va una gran persona, con muchas luces y con algunas sombras, como todos, aunque en algunos se vean más que en otros.
El texto que acaban de leer lo redacté hace mucho más de cinco años, y aunque les parezca surrealista, fue a petición del propio Martín. Me insistió una y mil veces: quería saber que aparecería en este blog el día que se marchara. Fue tal su insistencia que no tuve más remedio que hacerlo. Cuando se lo leí en plena plaza, se rió a carcajadas y se lo contó a todo el que se cruzaba con él.
En los años que han pasado desde entonces hasta hoy, me lo recordaba cada vez que nos encontrábamos, y se le notaba en la cara la satisfacción que le daba. Me hubiese gustado escribirle algo más largo, con más carga de emotividad —con Martín viví un sinfín de anécdotas que merecerían contarse—, pero su voluntad fue que solo apareciese este texto. Así que, amigo Martín, tu voluntad se ha cumplido. Descansa en paz.





















