Pacurro
Esta mañana, en las inmediaciones de la casa de la cultura me tropecé con la imagen que encabeza esta publicación- una imagen que decía más que muchas palabras. Entre el barro, las máquinas y las huellas del desastre, un osito de peluche sentado en un pequeño dumper, utilizado en las labores de limpieza, como si alguien hubiera querido ponerlo a salvo.
Nuestro pueblo ha sufrido mucho. Casas anegadas, enseres perdidos, recuerdos arrastrados por el agua. Cuando llega una riada no solo se lleva lo material; se lleva pedazos de vida. Por eso este osito no es un simple muñeco. Es, seguramente, parte de la infancia de alguien, un compañero de juegos y de sueños.
Verlo rescatado, manchado de barro pero intacto, es un pequeño gesto cargado de humanidad. En medio de tanta destrucción, alguien pensó en salvar algo frágil, algo sin valor económico, pero con todo el valor sentimental del mundo .
Este osito nos recuerda que, pese al dolor, Tesorillo sigue siendo un pueblo con corazón. Porque incluso entre el barro, la ternura también se salva.


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