Mi amiga Dolores:
Tengo que agradecer a Dios y a la vida que me hayan permitido conocer buenas personas. Personas con las que comparto lazos sanguíneos y otras con las que no. Personas en las que poder apoyarme, en las que confiar y a quienes contarles mis penas y alegrías. Mis personas preferidas y personas a las que me cuesta perdonar porque no actúan como a mí me gustaría, creyéndome yo el ombligo del mundo. ¡Qué fácil es ver la paja en el ojo ajeno y no notar la viga en el nuestro!
Tengo que agradecer a la vida y a Dios la familia qué tengo. Mi familia es mi apoyo y mi sostén, mi piedra filosofal, el centro de mi universo. Vamos creciendo en número y nos fortalecemos manteniéndonos cerca de un dolmen llamado Darío (mi nieto), alrededor del cual nuestra energía fluye y se canaliza en forma de amor. Otras personas han llegado para dar más brío si cabe a nuestro círculo mágico. Somos los ocho magníficos y magníficas… por ahora.
Tengo que agradecer a Dios la fe y las esperanza para superar obstáculos. Seguimos adelante confiando en que no estamos solos con nuestros problemas: reímos, silbamos, cantamos; intentamos engañar a la vida cuando estamos tristes pensando que vendrán tiempos mejores; yo rezando, mis hijos, diciéndome que encienda velas a los santos y difuntos y sosteniéndome con sus palabras, su inteligencia y su cariño. “Es lo que hay” es uno de nuestros lemas favoritos pero trabajamos duro para que “lo que hay” sea leve y nos duela lo menos posible. Y así, parece que hasta ahora nos va funcionando, gracias a Dios, a las buenas personas que nos rodean, a la magia y a la confianza en que no hay mal que cien años dure… todo va a ir bien, todo irá mejor. Energía positiva. Miles de besos y abrazos.
Por tanto, hoy puede ser un gran día para olvidar rencores, para pedir perdones, para hacer propósito de enmienda. Ese propósito que te limpia el alma y te hace feliz a ti mismo. El que te hace sentir buena gente, buena amiga, buen cristiano o cristiana. El que te obliga a pedir perdón y tener paciencia. Seguimos andando por la vida, el tiempo va pasando y todos al final llegamos al mismo lugar.
Por eso en esta Semana Santa quiero seguir caminando al lado de mi mejor amiga, se llama “Dolores”. Ella sabe lo que me preocupa, a Ella le cuento lo que me duele, le pido lo que necesito. Ella me escucha sin juzgarme, me aconseja y me conforta y todos los viernes santos sale a pasear por nuestras calleas y dejando atrás sus penas nos invita a acompañarla. Ella siempre está dispuesta a ser nuestra madre, nuestra hermana, nuestra amiga. A cambio solo pide amor, como pidió su hijo junto al cual nos mira con sus ojos misericordiosos.
Sagrario González Tirado
A todos mis paisanos que tan mal lo han pasado en las mayores inundaciones que ha padecido nuestro querido pueblo en su historia. Todo mi cariño y mis mejores deseos de salud y felicidad.
Orgullosa de tener vuestras mismas raíces.

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