Esta mañana, tomando café en el Bar Entre Amigos, me ha tocado presenciar una de esas escenas simpáticas que alegran el día. Del salón de dentro han empezado a salir ciclistas, uno detrás de otro, cada uno con su bici a cuestas, sorteando mesas y sillas como podían ( dejarlas fueras, mientras desayunan, como mínimo es arriesgado) . Cascos puestos, alguno con las gafas de sol subidas a la frente esperando su turno, y esa cara de quien ya ha hecho muchas veces
En la tele del bar echaban un programa sobre mascotas, con un perrillo de protagonista, mientras a su espalda se organizaba un tráfico bien distinto: el de una decena de bicicletas buscando hueco para salir a la calle antes de que apretara el calor. El siempre sonoro Blas Gil , con su característico sombrero , hacía broma del momento, se da la circunstancia que uno de los ciclistas ha sido compañero de trabajo de Blas
Me ha venido a la cabeza el título de aquella película de Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano, aunque aquí la única guerra ha sido la de no rayar el cuadro contra la columna. Se han ido despidiéndose unos de otros, como se hace en los pueblos, y el bar ha vuelto enseguida a su ritmo de siempre. Pero durante un ratito, aquello ha sido puro verano: bicis, y gente de buen rollo antes de salir carretera adelante.

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