El arquitecto que firmó los planos de la nueva iglesia fue José María Faquineto, pero quien tradujo esos planos a piedra, a medidas y a decisiones tomadas cada día en la obra fue Diego. Fue el maestro de obra, y en su caso la palabra "maestro" no era una simple etiqueta del oficio: se agrandaba con su persona. Fue él quien supo interpretar sobre el terreno lo que el cura Menchén, promotor de todo el proyecto, quería ver hecho realidad.
Diego había nacido en La Puebla de Cazalla, en la provincia de Sevilla. Llegó a trabajar a Tesorillo en la década de los 50 . Pero aquí sucedió algo que no estaba en sus planes: se enamoró. Conoció a Juani Ocaña Fernández, se casó con ella y ya no se marchó jamás. De aquel matrimonio nacieron cuatro hijas. Tesorillo, que lo recibió como forastero, terminó siendo su casa para siempre y amó a Tesorillo como un tesorillero de cuna
Quienes lo conocimos, lo recordamos como un hombre piadoso, de convicciones religiosas firmes, amable y sosegado, pulcro, (era difícil imaginar como un albañil, apenas se manchara la ropa de trabajo), en resumen un auténtico caballero de los de antes. Esa forma de ser no se quedó fuera de la obra del templo: durante los años de construcción, entre 1964 y 1966, Diego formó parte también de la comisión económica encargada de fiscalizar las cuentas, junto a don José Luis Sánchez y José Asenjo. No solo levantaba paredes; también velaba, con la misma seriedad, por que cada peseta de aquel proyecto se administrase con honradez.
Diego Pachón Ruiz falleció en 2003. Pero cada vez que alguien entra en la iglesia de San Martín de Tours y admira su estructura, está entrando, sin saberlo, en la obra de un sevillano que llegó por trabajo y se quedó por amor, y que puso su oficio, su fe y su honradez al servicio de un templo que cumple 60 años.
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