El pasado mes de septiembre se jubiló Juan Luis Callejo de la Vega. Para muchos de vosotros, queridos lectores, puede que su nombre no signifique nada. Pero los tesorilleros tenemos con él una deuda de gratitud, al menos eso pensamos nosotros
Callejo, como todos le conocían, ha sido durante muchos años el arquitecto municipal del Ayuntamiento de Jimena de la Frontera y, por extensión, el de San Martín del Tesorillo mientras formamos parte de aquel municipio. Conseguida la segregación, continuó prestando sus servicios profesionales al nuevo ayuntamiento.
¿Por qué lo recordamos hoy? Sencillamente, porque apostó por recuperar la Casita de Campo, actual sede del Ayuntamiento de Tesorillo. El edificio estaba, al menos en parte, al borde del derrumbe, y a nadie le habría extrañado que hubiera acabado demolido.
Callejo no solo puso sobre la mesa sus conocimientos profesionales, que los tiene y buenos. También puso su cariño por el edificio y su empatía con los tesorilleros, que querían a la Casita de Campo como su mayor emblema. Apostó por rehabilitarla y, afortunadamente, pudo recuperarse.
Con esto no queremos desdeñar, ni mucho menos, la labor de Jesús Fernández, actual alcalde de Tesorillo, ni la buena disposición de Fran Gómez, alcalde de Jimena. La suerte, la providencia o lo que fuera quiso que se unieran esa tres voluntades y otras, que no vienen al caso, para recuperar un edificio que suponía mucho para los tesorilleros: prácticamente el único símbolo de su pasado.
No vamos a solicitar que el Ayuntamiento de Tesorillo le haga un reconocimiento público, porque al pedirlo nosotros corremos el riesgo , que se consiga el efecto contrario. Estamos escarmentados: nos ha mordido más de un perro.
Pero sí queremos que estas líneas sirvan, desde esta modesta plataforma, para agradecer y reconocer todo el esfuerzo del bueno de Callejo. Es un reconocimiento tardío, pero más que merecido.
¡Gracias de todo corazón, Callejo!
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