No nos cabe la menor duda, que toda aquella persona que deja este mundo, merece ser recordada y es merecedora que se le dedique un relato parecido como el que a continuación exponemos. El motivo del porqué de este escrito , es la foto , que nos ha remitido expresamente un nieto de Manolo Segovia, eso nos ha llevado a escribir estas líneas:
La fotografía que acompaña estas líneas tiene algo especial. En ella aparecen dos hombres caminando juntos por una calle de Tesorillo, apoyados en sus bastones, como tantas veces hicieron. A la izquierda, Manolo Segovia Canalejos. A la derecha, Benito Mariscal Márquez. Dos vecinos, dos amigos, que nos han dejado en pocas semanas de diferencia: Manolo el pasado 9 de mayo, a los 81 años, y Benito el 5 de junio, a los 89.
Al verlos juntos resulta inevitable que la memoria nos transporte a aquella popular serie de televisión Manos a la obra. Salvando las distancias, bien podrían haber sido nuestros particulares Manolo y Benito de Tesorillo. Ellos no son personajes de ficción , fueron reales como la vida misma, sino porque representaban a la perfección a una generación de hombres hechos de otra pasta, acostumbrados al sacrificio, al trabajo duro y a sacar adelante a sus familias con el sudor de su frente.
Manolo fue albañil durante toda su vida laboral. Benito alternó la agricultura con el trabajo de camionero. Oficios que exigían esfuerzo físico, resistencia y muchas horas de dedicación. Los dos poseían una fortaleza extraordinaria y una capacidad para el trabajo que hoy cuesta imaginar. Pertenecían a esa generación que ayudó a levantar nuestro pueblo ladrillo a ladrillo, surco a surco y jornada tras jornada.
Pero no todo era trabajo. Quienes los conocieron recuerdan también su buen humor, su carácter cercano y esa forma tan sencilla de entender la vida. Siempre tenían una broma preparada, una sonrisa o una ocurrencia con la que hacer más agradable cualquier conversación.
Ambos fueron además hombres de familia. Manolo fue padre de ocho hijos y Benito de cinco. Familias numerosas que constituyeron el centro de sus vidas y para las que trabajaron sin descanso durante décadas.
La imagen los muestra caminando juntos. Quizás hablando de sus cosas, recordando viejos tiempos o simplemente disfrutando de la compañía mutua. Porque además de vecinos, eran grandes amigos. Y esa amistad, forjada durante tantos años, es también parte de la herencia que dejan.
Con la marcha de Manolo y Benito desaparecen dos rostros muy conocidos de nuestras calles. Dos hombres sencillos, trabajadores y queridos. Dos representantes de una generación que construyó mucho más que casas o cosechas: construyó familias, amistades y un pueblo.
Descansen en paz, Manolo y Benito. Tesorillo os recordará siempre caminando juntos, como en esta fotografía.

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