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| Rubén Almagro ( jefe deportes Europa Sur), Jesús Fernández y Pacurro |
Pacurro
Las oficinas de Grupo Área, ubicadas en las Torres de Hércules de Palmones, se han convertido este lunes en un punto de encuentro para la memoria, el periodismo y la historia del Campo de Gibraltar. Con motivo de la presentación del periódico especial por el 70 aniversario de Área, la empresa ha celebrado un desayuno institucional que ha reunido a representantes de los ocho municipios de la comarca, autoridades provinciales, colaboradores y profesionales que han formado parte de esta casa a lo largo de las últimas siete décadas.
El acto ha servido para realizar un recorrido por la trayectoria de un medio de comunicación que ha acompañado al Campo de Gibraltar desde mediados del siglo pasado, narrando los acontecimientos que han marcado a generaciones de vecinos. A través de las páginas de esta edición conmemorativa se recuperan momentos históricos, protagonistas, imágenes y recuerdos que forman parte de la identidad colectiva de la comarca.
En esa edición especial en papel, han prestado su colaboración, personajes tan relevantes, como la reina Leticia, el Presidente del Gobierno de España; el Presidente en funciones de la Junta de Andalucía, La Presidenta de Diputación, Presidenta de Mancomunidad , los ochos alcaldes de la comarca y, figuras del periodismo radiofónico como Carlos Herrera. La dirección del periódico quiso que a parte de su alcalde, San Martín del Tesorillo estuviese representado por mi persona o sea Francisco Quirós "Pacurro", a continuación les transcribo el artículo de mi autoría que ha aparecido en. la publicación
TESORILLO Y ÁREA: setenta años de crecimiento compartido
Francisco Quirós “Pacurro”
El desarrollo de San Martín del Tesorillo y la trayectoria del diario Área han caminado en paralelo desde mediados del siglo XX. Desde una barriada marcada por las carencias hasta convertirse en municipio, el crecimiento del pueblo ha sido narrado a lo largo de siete décadas por un periódico que también ha evolucionado al mismo ritmo que su gente.
Tesorillo y la lucha por su identidad. Setenta años pueden parecer mucho tiempo, pero para un pueblo como San Martín del Tesorillo han sido, sobre todo, un camino de lucha, constancia y esperanza.
En 1956, Tesorillo era poco más que una barriada olvidada. Sin agua corriente en las casas, con una única fuente en la plaza, sin recogida de basuras, con un alumbrado público escaso y calles sin asfaltar. Dependía de Jimena de la Frontera, a 25 kilómetros, y el abandono institucional era evidente. Se sobrevivía más que se vivía.
El trabajo, casi exclusivamente agrícola, marcaba el ritmo de la vida. La plantación del arroz y la limpieza de los canales de riego eran esperadas como un salvavidas. Con ese jornal se saldaban deudas en las tiendas y se volvía a empezar. Muchos vecinos tuvieron que emigrar a Cataluña, al País Vasco o al extranjero en busca de un futuro mejor, mientras otros encontraron salida en la Costa del Sol o Sotogrande.
Pero si algo ha definido siempre a Tesorillo ha sido su gente: luchadora, resistente, capaz de sobreponerse a las dificultades con una dignidad admirable.
Con la llegada de la democracia llegaron mejoras, aunque nunca en la medida justa. El gran punto de inflexión fue 1999, con la consecución de la Entidad Local Autónoma. Lo que parecía un paso previo de cinco años se convirtió en casi dos décadas de espera hasta que, el 2 de octubre de 2018, Tesorillo alcanzó por fin su sueño: ser municipio.
Área y yo somos casi coetáneos: yo nací en 1955 y este diario un año después. En todo este tiempo ha sido testigo fiel y cercano, narrando nuestra historia con compromiso.
Hoy Tesorillo ya no sobrevive, hoy camina con paso firme.
Con los pies en el suelo, plenamente consciente de quién soy y de mis limitaciones intelectuales, aunque sin caer en la falsa modestia, he recibido con enorme satisfacción esta invitación, a la vez que me sentí honrado, por colaborar en una publicación tan especial. Siempre resulta gratificante que se acuerden de uno para estas cosas. Como suele decirse, a nadie le amarga un dulce... y, además, yo reconozco que soy bastante goloso.
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| Portada de la edición especial de Área |





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