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| A la izquierda la calle Huertas en 2008 a la derecha al día de la fecha |
Pacurro
Desolados, tristes, casi abatidos. Así nos hemos quedado al comprobar que, en la calle Huertas, en el tramo comprendido entre las calles Larga y San Roque, de las ocho palmeras que durante tantos años han formado parte de nuestro paisaje cotidiano, ya solo permanecen dos en pie.
Es evidente que el picudo rojo ha hecho auténticos estragos en estos árboles centenarios. Un enemigo silencioso que, poco a poco, está acabando con uno de los símbolos más reconocibles de nuestro pueblo.
Está claro que los tratamientos aplicados no han dado el resultado esperado. Y, además, no es difícil imaginar que habrán supuesto un importante coste económico. No, no es el fin del mundo y mañana volverá a salir el sol, pero no deja de ser una auténtica desgracia contemplar cómo van desapareciendo nuestras palmeras.
Ayer hablábamos de la tala de la primera palmera de la calle Real y, casi sin darnos cuenta, hoy han caído varias más en la calle Huertas. En apenas un suspiro, un paisaje que parecía eterno empieza a formar parte del recuerdo.
Y nos surge una pregunta, desde la más absoluta humildad y pidiendo disculpas por nuestra ignorancia: ¿de verdad no existen tratamientos más eficaces para combatir esta plaga? ¿No hay otra alternativa antes de llegar a la tala?
Las palmeras han sido, y siguen siendo, una de las señas de identidad de San Martín del Tesorillo. Forman parte de nuestro legado histórico, de nuestra imagen y de nuestra memoria colectiva. Ojalá estemos a tiempo de conservar las que aún quedan, porque sería muy triste que, dentro de unos años, solo pudiéramos hablar de ellas a través de las fotografías.



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