Desde hace unos días, la oficina de Correos de San Martín del Tesorillo funciona con un solo empleado. El otro, según todo indica, disfruta de sus merecidas vacaciones. El problema no son las vacaciones, sino que Correos no haya previsto su sustitución.
El resultado salta a la vista. Hay momentos en los que la oficina permanece cerrada porque el único trabajador tiene que desplazarse a Guadiaro para recoger la correspondencia. Después le toca atender al público y, además, repartir el correo por todo el pueblo. Es decir, hacer el trabajo de dos personas.
El empleado cumple como puede, e incluso más de lo que le corresponde. Quien falla es el sistema, que pretende mantener un servicio público esencial con media plantilla.
Y todo esto se suma a los frecuentes cortes de luz y a las deficiencias de internet que padecemos. En plena era de la Inteligencia Artificial, resulta cuanto menos sorprendente que todavía tengamos que soportar este tipo de situaciones surrealistas

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